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Yo lo haré

Con este relato participo en la 40ª edición de «El tintero de oro», dedicada al escritor Italo Calvino y su obra «El vizconde demediado».

La noche en que te fuiste, Lorna, las estrellas no brillaban sobre Coconut Grove. El viento había tejido un techo de algodón a la luz menguante del atardecer que dibujaba su reflejo en las aguas mansas de la bahía, y un destello anaranjado se iba difuminando en el horizonte hasta fundirse en el violeta del ocaso, un violeta con más azul que rojo, como el de ese cuadro de Van Gogh que tanto te gustaba.

Te habías pasado la tarde en duermevela, a ratos inquieta, sudorosa. Abrías los ojos y parecías no ver. Los volvías a cerrar y entonces sonreías, como si ya vieras, cada vez más lejos de nuestro mundo y más próxima a ese lugar que soñamos, ese que es único para cada uno de nosotros. El lugar donde vivir felices nuestra eternidad. Donde no existe el dolor que ahora te desgarra y que ni la morfina es capaz de aliviar ya. Donde nos miramos como aquella tarde en el jardín botánico, entre las palmas, el aroma de las nectarinas y el rosa pálido de los cerezos en flor, jugando a perseguirnos, a encontrarnos y a dejarnos perder. La tarde en que lo supimos, en que tuvimos la certeza, y sentadas a la sombra del roble de laurel tallamos un corazón con nuestros nombres engarzados.

De las dos, tú eras la valiente. Me lo demostraste tantas veces… Cuando el médico pronunció esa maldita palabra y mi boca perdió la sonrisa, tú sonreíste por mí. Encontraste la esperanza que el diagnóstico se empeñaba en negarnos. Mientras te quedaron fuerzas me levantaste cada mañana, me animaste a continuar, a arreglarme y a maquillarme cuando no era capaz. Me hiciste comprender que me necesitabas entera y poderosa, que tenía que ser tu bastión, el refugio en el que cobijarte, en el que abrazar las horas que se te escapaban entre los dedos.

Cuánto me costó, amor mío. Pero lo conseguí. Supe disfrazar esa herida de muerte que me desangraba cada mañana al ver cómo te apagabas, cómo tu cuerpo se consumía y tus ojos perdían su brillo. Decidí prescindir de mí para ser otra persona, la persona que necesitabas a tu lado y no la inútil, la cobarde, la que lloraba cuando no la veías. Fingí ser valiente como tú, Lorna.

Hasta que no pude serlo. Sé que te lo había prometido. Que en uno de tus últimos ratitos de lucidez, tendidas y entrelazadas sobre la cama, te dije que lo haría. Y tomaste mi cara entre tus manos, débiles, temblorosas, y secaste mis lágrimas, me besaste, me acariciaste con ternura. Y me dijiste que no tuviera miedo. Que todo saldría bien. 

Pero estaba tan rota, tan deshecha, que esa otra persona en la que me había convertido por ti, me abandonó. No pude más que sentarme a tu lado y mirar por la ventana, contemplando cómo el sol besaba el confín de la bahía hasta esconderse como yo misma deseaba hacerlo. La penumbra de la noche me devolvió el reflejo de mi cara en el cristal. Vi unos ojos hundidos, desbordados, una frente plegada por meses de angustia. Aquella no era yo. No era más que el rostro desdibujado de una mujer que se parecía a mí.

Sentía lástima por aquella sombra de mí misma, pero ella no la sentía por mí. Me miró con furia, con rabia apenas contenida, frunciendo los labios. Me llamó cobarde y pusilánime, sus manos se alargaron como hiedra que trepa, abandonaron el cristal para zarandearme, me agitaron como a una muñeca de trapo, me levantaron un palmo del suelo para luego dejarme caer.

Te oía quejarte en la cama, como si de algún modo intuyeras que me estaban haciendo daño. Pero yo no sufría, Lorna. Yo estaba quieta, entregada a lo que aquella parte de mí me imploraba que hiciera. Podía oír sus pensamientos como si fueran los míos, envenenándome poquito a poco. Pronto, el reflejo de mi cara y mis manos fue medrando hasta convertirse en el de mi cuerpo entero. Abandonó su prisión de vidrio y se paró frente a mí como si me hallara ante un espejo.

No tuve miedo. Entendí que ella era mi mitad más oscura, que ella estaba comprendida en mí y yo en ella. Pero cuando levanté mis ojos hacia los suyos, no había oscuridad en su mirada. Sus labios se movieron y me susurraron con voz dulce:

—Yo lo haré.

No dijo nada más. La vi dirigirse hacia la mesita de noche y abrir el cajón. La vi rebuscar entre las cajas de pastillas y sacar el estuche. La vi cargar la jeringuilla. Tú apenas te moviste. Había paz en tu semblante. Y sonreías, Lorna. Resplandecías de nuevo con esa maravillosa luz que irradiabas. Y supe que la mitad oscura no era ella, sino yo. Y supe que ya no estabas allí, que esa mitad compasiva de mi ser te había llevado al fin a donde deseabas estar, que ya jugabas conmigo alrededor del cerezo, a atraparme entre tus brazos, a hacerme cosquillas y a volverme a atrapar.

Que ya no había dolor ni sufrimiento.

Y que mientras te hacías una con el universo, yo seguía sentada frente a la ventana, mirando a través, a lo lejos, a esas nubes que ocultaban las estrellas sobre Coconut Grove la noche en que te fuiste.

Imagen de cabecera de Alexa en Pixabay

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Autor
Enrique Bravo
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55 comentarios
  • Doloroso relato con un tremendo final! Sin duda hay realidades que nos superan, y hacen mella en nosotros, y nos cambian tanto que nos convertimos en otro para siempre! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!

  • ¡Qué maravilloso relato! La forma en que se captura la emoción y la atmósfera en tan pocas palabras es impresionante. Cada detalle esta perfectamente elegido.
    Suerte en el concurso.

  • Posees una virtud para descripciones realizadas con gran oficio que es maravillosa, y eso es, la cualidad sobresaliente tuya la que lleva de la mano al lector para plantarlo en el centro de la historia.Tu estilo es tremendamente aristocrático.
    Saludo con mi sombrero de las grandes ocasiones.
    J u a n Y S u H o r i z o n t e // aka….J u a n E l P o r t o v e n t o l e r o😎

  • Una historia preciosa, tierna, romántica pero a la vez nostálgica, resignada, donde la valentía consigue su propósito..acabar con el sufrimiento de su amor.. ahora le queda extrañarla desesperadamente hasta que pueda reunirse con ella..LA MAYOR PRUEBA DE AMOR..felicidades hijo me ha encantado..

  • ¡Ay, Enrique! Un relato dolorosísimo escrito con mucha ternura. Me ha gustado mucho el tono de ese monólogo interior triste y desencantado pero lleno de amor, la lucha de la protagonista contra sí misma y el final circular con que lo terminas. Un cuento precioso.

    • Hola, Marta. Realmente me ha costado escribirlo: me ha dolido y me he sentido un poco como un actor que se mete demasiado en la piel de su personaje. No sé si es algo bueno o malo, pero así ha sido. Muchas gracias por tus bonitas palabras. Un abrazo.

  • Hola Enrique me ha gustado mucho tu relato, el ritmo pausado que nos va llevando por la psicología de los personajes y por el camino vital tan difícil de la pareja. Por el descubrimiento no tan fácil de la parte buena y la mala. El sufrimiento y las decisiones que son tan difíciles de tomar. Enhorabuena y suerte. Un abrazo.

    • Hola, Ainhoa. La verdad es que, como bien apuntas, no está tan claro cuál es la parte buena y cuál la mala, o acaso todo depende de la moral o las creencias de cada persona. Un debate complejo que excede por mucho los límites de un relato. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

  • Qué maravilla de relato, compañero. La pérdida de un ser amado narrado con una delicadeza para nada sentimentaloide, recurso tan usado por muchos que se dicen escritores.
    ¿Cuál es la parte buena y cuál la mala de nuestra protagonista? ¿La que es incapaz de dar el terrible paso o aquella que solo busca el fin del sufrimiento? Algo es seguro, nuestra protagonista, con la mirada perdida en el horizonte de Coconut Grove, nunca recuperará el equilibrio perdido.
    Un relato fantástico. Te deseo suerte aunque no la necesitarás.

    • Gran análisis, compañero. Le di algunas vueltas al tono de la narración precisamente por lo que apuntas, para no caer en lo sensiblero. Me alegro mucho de que te haya gustado el relato. Un abrazo y muchas gracias por el comentario.

  • Muy bueno. Siempre respondes a los retos con gran nivel. Creo que desde que participas siemprexestas entre mis siete, aunque no podría asegurarlo.
    Me ha gustado mucho la incorporación del reflejo. Es sorprendente. y también la descripción del reflejo.
    me encanta el titulo
    una pregunta: el último párrafo ¿ es añadido? quiero decir si lo habías terminado con » yo lo hare», y luego lo añadirte?
    Abrazoo

    • Hola, gabiliante. Muchísimas gracias por tus palabras, me animan a continuar trabajando para mejorar. Respondiendo a tu pregunta, el último párrafo no lo añadí; quería terminar el relato con un retorno al inicio, un final circular. Aunque tampoco hubiera quedado mal terminarlo ahí, no me lo había planteado. Un abrazo.

  • Hola Enrique.
    Sabiendo tu profesión, intuyo que tendrás experiencias muy fuertes que te dejarán huella. Tu forma de describir la eutanasia a un ser amado en este microrrelato es de una ternura y una lucha interior por dar a ese ser una muerte digna, que me encanta. Creo firmemente en el derecho de no sufrir y a exigir la eutanasia como un acto piadoso y creo que ayudar a un ser amado a lograrlo, es el mayor acto de amor que uno puede hacer en la vida. ¡Te felicito por tu aporte!
    Marlen

    • Hola, Marlen. Como bien dices, hay varios casos de mi trayectoria profesional que me han marcado de alguna forma. Por más que los profesionales sanitarios intentemos mantener cierta distancia emocional de los pacientes, sin la cual, la asistencia sería imposible, siempre hay alguien cuya historia se te queda grabada para siempre. Estoy totalmente de acuerdo contigo en lo que expones sobre la eutanasia. Muchas gracias por tu comentario. Un saludo.

  • ¿Qué decirte, Enrique?, me has dejado sin palabras. Escribes no solo con los sentimientos y la lírica sino con inteligencia dramática, sin caer en ñoñerías, con la sensibilidad y el equilibrio justo para emocionar y sorprender.
    Te doy la emhorabuena, compañero Enrique, porque es un escrito de matrícula de honor.
    Un abrazo, es-cri-tor

  • Excelente historia, triste, trágica como todas las de los seres humanos que transitan difíciles enfermedades y el final de sus días.
    Me gusto mucho tu manera de narrarla, saludos.
    PATRICIA F.

  • Hola Enrique. Que gran relato, bien escrito, bien medido en sus tiempos, y con una carga emotiva contenida que crece en los momentos justos. La muerte siempre nos acerca a situaciones límite y a veces, como en el caso de la protagonista, nos obliga a tomar decisiones difíciles. ¿Cómo saber cual es la parte buena y la mala? la egoista que quiere tener a su amada hasta el final? o la que decide acabar con todo para aliviarle el sufrimiento y dejarla marchar en paz? Al comienzo la historia parece la de dos amantes, hombre y mujer, hasta que nos desvelas el género de ambas, supongo que en un efecto buscado forzándonos como lectores a presuponer lo que no es. Me ha gustado especialmente ese final circular, que acaba con esas estrellas ausentes al igual que comienza con ellas. «Mientras te hacías una con el universo» preciosa frase, de las muchas que se esconden en el texto, para terminar un hermoso relato. Un abrazo.

    • Muchas gracias, Jorge, por este extraordinario análisis del relato. Quería presentar una dualidad incómoda que dejase a la elección de cada lector el asignar los roles de parte buena y mala, y que nos llevara a reflexionar sobre un tema que hoy en día y a pesar de los avances sigue siendo tabú. Me alegra mucho que te haya gustado. Un abrazo.

  • Qué fuerte… Has narrado con mucha profundidad y destreza (¡y belleza!) una situación extrema. Creo que de las situaciones de extremo sufrimiento y conflicto surge la locura. Aquí, la protagonista se desdobla de modo psicótico porque no puede admitir su otra parte y es un modo que tiene la conciencia de liberarse del peso de sus propias decisiones. Felicidades! hermosa y a la vez trágica historia de amor.
    Un abrazo! 🙂

    • Hola, Maite. Efectivamente, se trata de una situación tan dramática que no resulta inverosímil que la protagonista pierda la cordura y su mente se desdoble para intentar hacer frente al dilema sin sentirse (tan) culpable. Muchas gracias por pasar a comentar. Un abrazo.

  • Cuanto dolor encierra tu relato, cuanta tristeza ver como se consume hasta que su otro yo toma la decisión y pone fin a todo.
    El lector sufre al lado de tus protagonistas , lo narras muy bien
    Un abrazo Enrique

  • Hola… hermoso y triste relato en el que dejas ver la ruptura interior que puede causar el sufrimiento de un ser querido. Por un lado nuestro impulso de mantenerle con nosotros, de que las cosas sean como siempre. Y por el otro nuestro deseo de que descanse por fin y que termine su sufrimiento… que cosa mas terrible puede ser esta situación… excelente tu relato. ¡Saludos!

  • Hola, Enrique, vaya historia nos presentas tan para pensar detenidamente en una situación similar. Me parece tan real como angustiosa, la ruptura insalvable entre las dos vertientes del mismo ser en el momento más crítico. Menos mal que lo estoy leyendo por la mañana, de noche igual me habría hecho tener pesadillas y aunque lo diga medio en bromas, también medio en serio.
    Saludos y suerte.

    • Hola, JM. Lo cierto es que el tema es complicado de tratar. Yo mismo me angustié al imaginarme la situación, pues la parte, digamos, realista del relato es bastante cruda. Muchas gracias por pasar a comentar. Un saludo.

  • Buenas, compañero. No sé si te habrás enterado ya o estás currando como los buenos, pero tu relato se ha llevado un merecido Tintero de Plata.
    Pedazo de trabajo que se lleva su merecido premio. ¡Felicidades!

    • Hola, Bruno. Estaba descansando después de mi agotador turno de ayer y me acabo de enterar. Me ha hecho mucha ilusión, como no podía ser de otra forma. Felicidades también a ti por ese Tintero de Bronce. ¡Vas a tener que encargar una estantería más grande! Un fuerte abrazo.

  • ¡Qué bueno! peeroooo ¡ qué bueno tu relato! y además por lo que he leído y no me extraña, has conseguido la medalla de plata en un concurso ¡ enhorabuena por partida doble! ¡Qué bien has feminizado a tu yo jaja tuve que leer dos veces porque me sonaba rara la conversación, hasta que me di cuenta que eran dos mujeres ¡ estupendo! de verdad ha sido un placer leerte, a ver si encuentro el camino de vuelta y puedo disfrutar de tus letras otro día : )

    • Hola, María. Me alegro de que te haya gustado el relato. Creo que es el primero que escribo protagonizado exclusivamente por mujeres y ha supuesto un reto para mí. Muchísimas gracias por tu comentario. Un saludo.

    • Muchas gracias, Jorge. Estás en lo cierto: es el primer tintero y me ha hecho muchísima ilusión obtener el reconocimiento de los compañeros. Es un placer poder aprender de todos vosotros y disfrutar con los nuevos retos que plantea cada edición. Un abrazo.

Enrique Bravo

Enfermero de Urgencias que escribe de vez en cuando