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Kra-koom

Un pequeño homenaje al que fue mi guionista de referencia en los noventa, aquellos buenos tiempos en los que Marvel aún era Marvel. Su obra cumbre para mí y para muchos otros, «La última cacería de Kraven», se publicó al alimón en las tres colecciones de Spider-man que por entonces se editaban. Cuenta una historia de superación, una venganza con honor, un retorno desde los infiernos y posterior recaída, con preciosas referencias al poema «El tigre», escrito por William Blake y publicado por primera vez en 1794.

A J.M. DeMatteis

Ploc… Ploc… Repiqueteo que no cesa. Olor a suelo empapado, a madera recién barnizada, a forro de seda. No escatimaste en gastos. ¿Por qué ibas a hacerlo? Siempre respetaste a tu enemigo cuando se lo merecía. Cuestión de honor.

No quiero abrir los ojos. Noto la angustia y me falta el aire. No puedo salir. No puedo vivir. El vacío me engulle. Tú me has hundido en las entrañas de la tierra. Tú me lo has arrebatado todo. Ahora tú eres yo. Y yo no soy nada.

Kra-koom. Retumba un trueno en mis oídos. Percibo la humedad muy cerca. Dentro de mi prisión. Dentro de mis huesos. Confinada en mi alma. Tal vez lloro. No lo sé. El fuego me quema el pecho. Ardo por dentro y me consumo. Porque caí en la trampa. Porque tu alimaña me dio caza.

Todo es penumbra hasta que la veo. Su pelo rojizo me ilumina. Casi lo palpo con los dedos. Deshago sus nudos, extiendo los rizos, respiro su aroma. Ahora cree que eres yo. Pero no durará. Me aferro a la esperanza.

«Tigre». Así me llama. Es mi nombre en sus labios. Ya no estoy perdido, ya escampa en mi interior. Son las últimas lágrimas de derrota. La fuerza renace al ver su rostro, al soñar su mirada, al recordar su boca. Por ella puedo hacerlo todo. Darle la vuelta a todo. Salir de la madriguera eterna en la que me has confinado. Alcanzar la luz desde la hondura de las tinieblas.

«Tigre». Ya oigo su risa, ella me guía. Y muevo un dedo. Y luego otro. Mis párpados se entreabren, mis ojos se habitúan. La apartaré de ti, impostor. Pronto haré caer tu máscara. Encojo los dedos, los puños toman forma. Comienzo a golpear. Pam… Madera sorda. Los brazos decaen. No puedo, MJ. Ya nunca más podré.

«Tigre». Ardiente resplandor. Subo las rodillas. Mis pies también arremeten. La madera se quiebra. Astilla a astilla, rompo mis cadenas. Mi brazo emerge de entre los muertos como una garra dispuesta a atenazarte. La lluvia me lame las heridas. Dejo la tierra atrás. Me enfundo el antifaz. 

«Araña». Así me llamo. Lo que soy, lo que no eres. La presa es ahora el cazador. Tejeré una red de la cual no podrás liberarte y te pudrirás entre los hilos del destino. Solo es cuestión de tiempo. Será mi ojo inmortal el que vea caer tu terrible simetría.

«Araña». Dentro de ti. Unidos de alguna forma. No es odio lo que siento. Sé que ya te has rendido. Aplastaste al animal que habitaba tu cuerpo y así te redimiste. En mi derrota hallaste el perdón que buscabas.

«Araña». En el tono descubro tu admiración. Me das tu palabra de que fue tu última cacería. Mientes, lo sé. Tu rifle se reserva una última bala. El demonio que consumió a tu madre empuña el arma. La mirada ocre de tu padre enmarcada en la mesilla. La sonrisa del niño que nunca fuiste se pierde cuando aprietas el gatillo.

Kra-koom.

La imagen de cabecera es obra de Brigitte Werner en Pixabay

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Autor
Enrique Bravo
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2 comentarios
  • Un texto superior. Una novelización perfecta que te hace sentir la angustia, la ira y la determinación de un personaje tan realista como es nuestro amigo y vecino Spiderman. Desde luego un buen homenaje.
    Felicidades.

    • Muchas gracias, Bruno. Me alegro de que te haya gustado. Sí, esa era la intención: reflejar la angustia de un Peter enterrado y separado de Mary Jane, que luego renace. Leí la historia con quince o dieciséis años y me cautivó la fortaleza de ambos personajes, antagonistas y, a la vez, semejantes. DeMatteis es muy bueno. Un abrazo.

Enrique Bravo

Enfermero de Urgencias que escribe de vez en cuando