Web de Enrique Bravo
El filtro de belleza
Inicio » Blog » El filtro de belleza

El filtro de belleza

Relato para la XXXIX edición de «El tintero de oro» que homenajea en esta ocasión a J.K. Rowling y su universo Harry Potter.

La cabaña del alquimista se alzaba a pocos pasos del embarcadero. Fiona se remangó los bajos de su túnica de estudiante de primer curso en la escuela de Magia y, con un pequeño salto, salvó la barcaza y llegó hasta la puerta. Su pelo plateado brillaba a la luz de la luna llena. Al cubrirse con la capucha, el zaguán se oscureció por completo.

Estaba nerviosa y, al mismo tiempo, satisfecha de su valor. Le había costado reunir el suficiente para atravesar el Lago Tempestuoso, cuyas aguas solo hacían honor a su nombre durante el día. Esperó junto a la orilla, oculta bajo un manto de invisibilidad para evitar que algún compañero fisgón descubriera sus intenciones. Cuando el sol besó el horizonte, empujó su bote hasta la superficie ya tranquila del lago.

Había devorado el libro del alquimista con un entusiasmo desmedido, decidida a encontrar la pócima de belleza cuyo encantamiento la hiciera cambiar de aspecto. Por más que había recitado aquellas palabras mágicas, Fiona seguía teniendo el pelo cano, la nariz aventada, los ojillos como dos guisantes puestos en mitad de un plato, y no desaparecía la hendidura entre sus paletas, apenas disimulada por la delgada línea que formaban sus labios. El conjuro era inútil sin el bebedizo que solo el alquimista sabía preparar.

Aspiró el aire frío de la noche antes de llamar a su puerta. Dos aldabonazos bastaron para que el anciano saliera a recibirla.

—Oh, eres tú, joven Fiona. Vamos, entra para que hablemos al calor de la lumbre.

Se sentaron junto al fuego, que crepitaba en la chimenea dibujando sombras por toda la estancia.

—Sé por qué has venido. —El viejo sonrió al quitarle la capucha—. Una poción de belleza: menuda tontería.

—Maestro, sin ella no encontraré jamás el amor.

—¿Acaso crees que la belleza trae al amor de la mano? —dijo en tono jocoso—. ¿Es por alguien de tu clase?

—Adonis Winterdome, de la clase de la señorita Bandalore.

Había titubeado antes de responder y apartó la mirada cuando el alquimista puso un espejo ante sus ojos.

—Así que no soportas tu reflejo… Es más grave de lo que pensaba.

El alquimista negó con la cabeza. Se acercó a una estantería repleta de pequeños matraces y alcanzó uno que contenía un líquido transparente. Lo vació con cuidado en una botellita de vidrio esmerilado que se dispuso a entregar a Fiona. Pero cuando ella extendió la mano, el anciano retiró la suya.

—Ni la hermosura ni el amor se hallan en brebaje alguno —dijo el alquimista.

—Por favor, maestro —rogó ella.

—Como desees.

 La alegría asomó a la cara de Fiona como la decepción a la del alquimista cuando le tendió al fin el filtro de belleza.


Esa misma noche, mientras se contemplaba en el espejo de su dormitorio, Fiona bebió el líquido, insípido y burbujeante, y pronunció el encantamiento:

—¡Instagramicus falsaris opera!

Y se sentó en la cama sin dejar de observarse hasta que el sueño venció su impaciencia.

Pero el filtro de belleza no cambió ni un ápice el rostro de Fiona. Lo que sucedió fue que el viento del sur trajo nubes de tormenta, que un gato atigrado acechó a un ratón bajo un ventanal de la escuela, que un trueno desgarró la noche, que el gato trepó despavorido por las cortinas, que la barra que las sustentaba cayó con estrépito al suelo, que la cocinera Doris abandonó su lecho, que tropezó con un tiesto de abrepuño en su camino, que lo desplazó hasta la escalera, que la señorita Bandalore no estaba jugando a Gobstones porque habían suspendido la partida, que no logró esquivarlo, que se precipitó rodando hasta el primer piso, que arrastró al profesor Horatius y su taza de té a deshoras, que tuvieron que llevarlos a la enfermería, que suspendieron sus clases del día siguiente, que enviaron a sus alumnos a la biblioteca, y que allí, entre risas, chanzas y hechizos de primer nivel, Adonis Winterdome quedó cautivado por los ojillos de Fiona Fineweather sin mediar más encantamiento que el candor que emanaba de ellos.


—Pasa, Fiona, hace días que te espero. Otra vez.

El alquimista parecía contento de volver a verla.

—Quería darle las gracias por el filtro de belleza.

—Nunca te di tal cosa.

Fiona palideció. En un principio pensó que bromeaba, pero el viejo profesor era conocido por su hosquedad.

—La hermosura que viniste a buscar habitaba ya en ti. Y jamás podría esa belleza, por extraordinaria que fuera, procurarte el verdadero amor. Porque si algo tienen en común todos los amores, auténticos, reñidos, sufridos o recordados, es que son fruto de la casualidad. La ventura es el único filtro de amor conocido. Que dos corazones afines lleguen a encontrarse puede depender de algo en apariencia tan banal como un gato espantadizo que juguetea con un ratón.

—¿Quiere decir que no fue el hechizo? —preguntó temerosa.

—Ese hechizo es tan inútil como el agua con gas que puse en tu botella. Fue el destino, Fiona. ¿Quién sino él habría de obrar la magia que uniera vuestros caminos? ¿Quién sino tejería la red de caprichosas casualidades que os atrapó sin remedio?

Moraleja: haz caso al alquimista, desactiva los filtros de belleza (o de Instagram) y permite que el destino conjure su hechizo de casualidad. Todo saldrá bien. O no.

Imagen de cabecera de Digital Artist en Pixabay

¿TE HA GUSTADO?

Suscríbete al blog y te avisaré cada vez que añada contenido nuevo. Además, te enviaré un enlace para que puedas leer «La rosa entre la lluvia» gratis en Kindle o EPUB

¡No hago spam! Lee la política de privacidad para obtener más información.

Autor
Enrique Bravo
Deja un comentario

58 comentarios
  • Buena factura, gracia en la soltura del argumento y, sin duda, ingenioso. Recuerda las destrezas clásicas de un relato del misterioso John Buchan llamado «La extraña aventura del señor Andrew Hawthorn» en el que el mismo mecanismo del azar – a través de una pieza in crescendo del argumento- produce la cadena que propicia el desenlace notorio. Pasito a pasito, se forja la serie de casualidades por las cuales la protagonista aprende y mucho. Tu narración es asaz merecedora de simpatía y aplauso.
    ¡Feliz Navidad! 🕴🪔☯🌏😇
    Post Scriptum : Poniendo un «Pero», aunque en absoluto relevante, yo no habría puesto de nombre Fiona, para no desencadenar en el lector, la consabida reminiscencia a la saga del simpático ogro «Schrek».

    • Hola, Juan. Muchas gracias por tu comentario. La influencia del azar en la vida de las personas y cómo pequeñas casualidades que se perciben inofensivas pueden cambiar por completo el futuro de estas es un tema que me ha apasionado siempre. Feliz Navidad para ti también. Un saludo.

  • Pues nada, Enrique. Me alegro un montón que hayas podido sacar un hueco para regalarnos este relato. Cuando pase el barullo de las votaciones volveré para dejarte un comentario como es debido pero hasta entonces, como administrador de la convocatoria, solo puedo desearte lo mejor en el concurso.
    Un abrazo enorme.
    Bruno.

  • Genial, Enrique. Me ha encantado tu relato. Todo: el tono, el modo de armar la trama, el mensaje que transmite… La narración tiene mucho ritmo y hace la lectura muy ágil, algo mucho más difícil de lo que parece. El párrafo donde cuentas lo que sucede tras aplicar el filtro me parece fantástico, le da velocidad al texto y lo hace avanzar muy bien hacia el desenlace. Una historia preciosa. Felicidades y mucha suerte en el concurso.

    • Muchísimas gracias, Marta. Me alegra mucho que te haya gustado el relato. Tu análisis es perfecto, no le quito ni una coma. Cuando alguien capta la esencia del relato y percibe las herramientas utilizadas se siente una gran satisfacción, y eso he sentido al leer tu comentario. Y, como le decía a Bruno, gracias por plantearnos estos retos que nos desafían a tratar de mejorar poquito a poco. Un saludo.

  • Tu relato manda un mensaje muy inspirador a los lectores. Me gusta la reflexión final sobre los filtros (reales o no). No puedo estar más de acuerdo, al final lo mejor que podemos hacer es enfrentarnos a la vida con la cara descubierta, y asumir lo que el destino nos tenga preparado. Tu narración atrapa al lector, sobre todo me ha magnetizado el párrafo en el que se explica la sucesión de acontecimientos que llevan al enamoramiento de Fiona y Adonis. ¡Enhorabuena y mucha suerte en el concurso!

    • Hola, muchas gracias por tu comentario. La idea era justamente la que expones: mover a la reflexión sobre las pequeñas casualidades que pueden llegar a marcar una vida y la inevitabilidad de las mismas, al margen de aspectos más superficiales como la apariencia. Un saludo.

  • Vaya un zorro viejo el mago, je je! Que relato más bonito! A veces no hay que esperar tanto de la magia y si del destino! O bien, incluso pasar a la acción, eso también suele funcionar! Ja, ja! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!

  • Un relato precioso con una lección de vida magistral. ¡La magia del destino! Qué lección le da el gran mago. Ahora, la cadena de eventos que se dan para que “la magia” se produzca, no tiene precio ni fórmula mágica que lo pueda controlar. Me ha encantado. Felicidades y suerte en el Tintero.

  • Tu historia tiene ese sabor añejo de los buenos cuentos clásicos. Los que dejan una sonrisa al final; de los que se aprende y se disfruta. Además, está escrito con todo mimo y cuidado. Se nota.
    Muy bueno! Felicidades
    Una abrazo y suerte 🙂

  • ¡Hola Enrique! Me ha parecido un relato maravilloso. En un mundo cada vez más centrado en el físico y en el consumismo hacen falta muchas historias como esta. A veces nos empeñamos por lucir de determinada manera porque sino no le gustaremos a la persona de la que estamos enamoradas, pero nos olvidamos de que más importante que el atractivo físico es conectar en el lugar y momento adecuados. Esa madeja de casualidades que nos llevan hasta el resultado final.

    Un saludo y suerte en el concurso.

  • ¡Hola!
    Me ha encantado la ambientación maravillosa y mágica, escrita de una manera muy bonita y fluida, con un personaje genial, el alquimista y por supuesto la prota. ¿Cómo va a aceptarse y a entender la aceptación si lo que espera y desea compulsivamente es ser aceptada por otro?
    Un saludo

    • Hola, Yessi. El eterno círculo vicioso. Porque, ¿cómo va a ser aceptada por ese otro si ella misma es incapaz de aceptarse primero? He estado ahí, como muchas otras personas. Muchas gracias por tus palabras. Un saludo.

  • Hola, Enrique, primera vez que te leo y me ha parecido un relato sincero desde el principio y muy bien llevado, pues vamos transitando junto a Fiona ese encuentro con lo que ella supone le dará la felicidad de ser amada por quien ama, y a buen recaudo tanto el alquimista como el azar hicieron su trabajo para que la historia terminara con final feliz, pero eso sí, con moralejas muy edificantes y un llamado a la propia aceptacion y valoracion de forma muy actual y encantadora.
    El título muy apropiado, y hasta el final no descubrimos su verdadera intención.
    Me ha gustado leerte y conocer tu espacio.

    Felices días de navidad y año nuevo.

  • La belleza siempre se ha perseguido, desde mucho antes de las redes sociales y mucha gente ha hecho demasiadas tonterías para entrar ennlos cánones de belleza que imperasen en aquellos momentos.
    Pero lo que si es verdad, es que ahora hay muchas que tienen la misma cara, con esos morros como morcillas y narices sin personalidad 😊

    • Hola, Noelia. Ya lo creo que hay caras repetidas por ahí. Supongo que no aceptamos el envejecimiento, renegamos de lo efímero de la belleza exterior y tratamos de retrasar lo inevitable. Gracias por tu comentario. Un saludo.

  • Un relato muy agradable de leer donde Fiona tu protagonista busca en esa poción lo que realmente está dentro de ella y no necesita de nadie ya que con solo su mirada consigue lo que quiere
    Un abrazo Enrique

  • Estupendo relato, Enrique.
    Me he reído mucho con la secuencia de acontecimientos que, supuestamente, provocó la pócima que resultaría ser una simple agua con gas. Me ha encantado lo de ¡Instagramicus falsaris opera! ¡Qué bueno!
    Mucha suerte en el concurso.
    Un fuerte abrazo y Feliz Navidad.

  • Muy buen texto, muy diferente a los demás, y muy diferente al otro que te leí.
    Lleno de referencias , nombres significativos, y con un mensaje bien transmitido.
    De todos modos, creo que el gato se bebió un poco de filtro que se quedó en el botellín sin que el narrador se diera cuenta😜
    Me gustó especialmente cuando el mago retira el botellín de la mano de fiona antes de dárselo.
    abrazoo, suerte en el tintero y feliz navidad. M

    • Hola, gabiliante. Una de las cosas que más me gustan de los retos de «El tintero» es que me «obligan» a leer a autores que no son de mis preferidos y a escribir acerca de temas con los que no estoy tan familiarizado, como es el caso. Gracias por tu comentario, un abrazo y Feliz Navidad.

  • Hola, Enrique!! Me ha encantado tu relato, lo has narradado una forma muy bella y clara. La verdadera belleza es la que sale del interior de las personas y por eso lo que le gusta a Adonis Winterdome es el candor de los ojos de Fiona. Y se fija en sus ojos gracias a ese gato asustadizo que provoca una serie de sucesos que lleva a ello, y que, por cierto me ha encantado cómo lo has descrito. Me ha recordado al “efecto mariposa” el cual me parece fascinante. Te felicito, suerte en el Tintero y Feliz Navidad!!

  • Me encantó la moraleja, muy de ahora. Siempre pensé que los que se colocan filtros, no solo engañan a los demás, sino a ellos mismos.
    Mucha suerte en el concurso y Felices Fiestas. Un abrazo.

  • Hola, Enrique. Un relato, el tuyo, de magia donde precisamente la realidad impera. Como dice el sabio alquimista, hay cosas que mejor sea la Naturaleza quien las hechice; o algo así.
    Buen aporte al reto. Un saludo y suerte. 🎄🥂🖐️

  • Hola Enrique. Supongo que el nombre de Fiona no habrá sido elegido por casualidad, al igual que otros nombres recuerdan mucho a la saga de Harry Potter. En esta ocasión Fiona no se transforma en Ogro, ya era algo parecido a ella físicamente, pero al igual que en el cuento descubre que la belleza la lleva incorporada de serie. Buen relato y moraleja. Un abrazo.

  • Hola, Enrique. Pues no puedo estar más de acuerdo con la moraleja. Desgraciadamente vivimos en la sociedad de la apariencia, que nos «obliga» a dar una imagen totalmente distorsionada de nuestra realidad. Hagamos caso al alquimista y dejémonos que la casualidad nos guíe hasta nuestro destino.
    Me ha gustado un montón tu relato, más si cabe cuando sé que no está dentro de tu zona de confort.
    Un abrazo enorme.
    P. D. : Ya me ha llegado tu libro. Amazon debe estar hasta arriba de pedidos porque ha tardado casi tres semanas. Ahora solo queda disfrutar.

    • Hola, Bruno. Sí, es lo que quería reflejar en el relato: que por mucho que nos esforcemos en parecer lo que no somos, con el tiempo nuestra esencia siempre sale a la luz, y que la gran mayoría de las relaciones se inician debido a casualidades que escapan a nuestro control. Muchas gracias por el comentario y por animarte a comprar el libro. Espero que te guste, ya me contarás. Un abrazo.

Enrique Bravo

Enfermero de Urgencias que escribe de vez en cuando